19.3.13

Esperanza muerta


Entre la inmensidad de las calles frías, obscuras, húmedas, faltas del calor humano, aunando el pútrido aroma a muerto con la carne infectada, sobre la lechosa pus saliendo a borbotones de carne con las mordidas de los posibles cadáveres, el aroma a flores contaminadas con ceniza de cigarro mojada, con el sabor amargo de la hiel rozando los labios y voces de agonía al vació  vive ella; esa pequeña que a falta de amor, está en búsqueda constante de lo que le negaron.
Los adoquines de los parques son testigos implacables de su obstinación y las suelas de los zapatos víctimas directas de la apatía de unos padres sin conciencia.  Su compañía más directa son las ratas que por el alba la pretenden como almuerzo, sin rumbo fijo vagabundeando por los rincones más repulsivos de la ciudad, con una rodilla zafada a consecuencia de un frívolo humano que se divirtió intentándola atropellar,  sin una oreja, ropa deshilachada y el cabello enmarañado, la tez pálida en reflejo del sentimiento que día a día la rodea.
 Se le ve a Esperanza apagada deambulando entre las sobras, con la misión de escudriñar cada uno de los recovecos del mundo en búsqueda de lo que su nombre le asigno e inconscientemente sus padres la maldijeron. Conoce el sentimiento por lo que alcanza a ver en el aparador de las tiendas departamentales, con lo que ve por la televisión, pero experimentarlo será una aventura que espera con ansias.
Entre los dedos gastados, algunos sin uñas y su apariencia gris verdosa no pasa desapercibida entre los mortales aquellos que la discriminan con demasía enfrentándose  a las miradas de atrocidad y el intento por su cuidado diario, le han deteriorado algo más que las ganas de encontrar algo que la haga sentir, en cualquier momento olvidara lo poco que sabe sobre los papeleos y dejara salir su lado salvaje para pretender no perder lo que el destino le arrebato... el amor.


11.3.13

Uno… dos… tres… Si… Do… Re… Re …




Y mientras los números de transforman en letras, entre el asfixiante aroma del dióxido de carbono, sudado por la indiferencias de los ciudadanos, el saxofonista pervierte el pavimento entre las notas y la respiración que se funde en música.

El compás menos repetitivo es el sonsonete de las monedas al chocar, apenas ocho pesos en el sombrero, eso no alcanza ni para la torta del crucero, pero al menos de regreso en el metro…  Y entre apestados e ignorantes circulan las partituras de la estructura musical del lugar que defiende de ciego o el vendedor.

Subsistir apegado a los principios es más difícil que pretender que el taco de cinco varos no es del perro que camino ayer por la tarde, pero ente el clímax de la canción se asoma la pretenciosa libertad de un sol más fuerte y la ambiciosa creencia del destino precipitado que con angustia espera llegue, para el final definitivo de una sonrisa que le dignifique su existencia o le explique el creador de su destino es el mismo que da alma al saxofón. 

2.3.13

Mediocridad



           Y entre los pasos turbios y retumbantes de mi existencia, se despierta la incesante interrogativa…
¿Todo en mi vida va ser así? Rodeada de mediocridad, falta de inspiración, con el sabor de la mediocridad en los labios, y abrazos vacíos, rodeada de la conformidad o el desconocimiento de la superación.  Así es estoy decepcionada.

Hace algunos meses entre la inconsciencia de la libertad del servicio social, la desmotivada vida familiar a la que me enfrento martes y jueves, con mi sueño entre el corazón y el alma,  tras la ventana del camión, salto una duda…

Impresionante son tres años de mi vida de conocer a gente que realmente no conozco, tal vez el desgano por el lugar donde mis estudios radican, la intolerable presencia a la que me enfrento que deambula por los edificios principales de la facultad provoco todo… Me siento tan invisible… no tengo el conocimiento sobre si lo soy, querer saltar en la pista principal y  gritar mi existencia no era relevante para quien solo quería terminar, no dejar huella sobre mí, para buscar rumbos de  total agrado pero…

Pero la canción dura solo un minuto más, querer regresar el tiempo para una oportunidad es burdo, pretender hablarle a todos es tarde y no me queda más que pagar las consecuencias del camino que indebidamente seguí, con tal de escapar de mi realidad.

Aun con la resignación no del todo negativa en mi cabeza pretendía relanzar los aspectos académicos de mi vida, me quede con pleno conocimiento de explotar un lugar que no me gusta y que valiera la pena cada minuto que pise tal lugar, ahora no lo odio, ni me es indiferente es solo un lugar más, como de esos momentos donde mencionas un lugar que visitaste pero no tiene nada  sobresaliente. 

Lo que molesta es que jamás pensé en la relativa mala experiencia de la que debería pagar, si ya lo sé la resignación me acompañaba, junto con mi fiel amiga la soledad, sin embargo me es incomprensible como de semanas a otras todos fueran muy lentos para mi punto de vista.

Las fiestas se acercan, graduación, fotos, vestidos abrigos, maquillaje y sospecho que ellos son la causa de tanto desvió de atención todo se alentó, o ¿puede ser la vida tan agitada, la ñoñez “excesiva” que algunos mencionan, la que promueva mi ceguera? No son ellos…

Crisis o no debemos cumplir, fui criada con la frase “llueva, truene o relampaguee el trabajo se debe acabar y bien” siento que aunada a la situación en la que me encuentro últimamente no puedo confiar en toda la gente… solo en tres personas pero eso no es suficiente para hacer un equipo… no en mi carrera y menos en seta sociedad, o sera pues que le exijo mucho a personas de mi edad.