Tras
la sangre coagulada, entre las encías de mis conocidos, por las astilladas
críticas, de palabras sedimentadas en la garganta, esculpidas como lanzas, comentarios
guardados de apoco.
Brotando
los colmillos por las comisuras de los labios, hambrientos y cansados de tanta
guardia se aglutinan las intenciones mundanas de los que nunca etiquete - por
el posible miedo a ser nombrada, guarde silencio.-
Con
los ojos sobresaltados ante la impactante duda, si su saliva volcánica incendia
sin pasividad alguna un amor académico, que es lo que esconden sobre lo que a
momentos es el hijo más grande que hecho, en base al sueño por el que he luchado.
Entre
la rapiña y el roñar de los huesos se quiebran las estructuras, ratifican mi
baja tolerancia y mi nula confianza a los que blasfemaron su tener pleno
conocimiento de algo más que lo pisan todos los días.
Así fue
como corrí del poblado de hienas que tan fastidiada me tenía, y ahora con
varios años y descansa regreso al matadero.


