Quería
antes que nada poder dormir, mi cuerpo deseoso por llegar a la cama cobijarme
tomar la primera almohada y empezar con ese frágil, adormilado respirar, pero
las actividades no me lo permitían, insulte todos los afanes que se
acrecentaban de acuerdo a las obligaciones que le debía rendir a la sociedad
con la que me comprometí.
Al
finalizar de redactar, mi mente pretende que con el simple cuerpo pesado, me hundiré
entre el colchón y las frías sabanas para poder dormir. El problema es que a
mis ojos lo les apetece cerrarse.

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