Ya no ofreces la mano al
caminar.
Ni
se fragmentan tus labios al pronunciar te amo, por la simple razón de que no lo
has mencionado en las seis horas que llevamos paseando,
Y pedazos de cristal brotan
por la recamara.
La
tolerancia comienza a dudar al ser tan lacerada con palabras tan negativas, que
le ha llamado de improviso al desinterés para ponerle remedio a una plática
aburrida.
Mientras que mis ojos fingen
atención.
Me pregunto si no me di
cuenta de la enorme fisura que existe entre los dos, como podíamos pasar de
cada lado sin el temor a caernos.
Bendigo el sonido lascivo de
un intercomunicador.
Cuando las lentillas se
desempañen, y la calma gane habremos entendió que solo ocupamos el lugar de
otro desconocido demuestra su intención por continuar con una relación.
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