25.6.14

Cielo

Los ángeles quieren volar, solo quieren despegar


En un mundo donde paz no pretende florecer y la negación es un esquema recurrente


A lo lejos se suelen escuchar los cándidos cantos de la infancia que reviven las lágrimas que brotan por toda la cara.


No hay futuro para mí aquí.


23.6.14

Irónico es pensar que tengo un suéter en su nombre...

Ruperto es el vivo retrato de lo que mi padre fue para mí tantos años de vida, duele saber que en mi existencia  ya no existe el personaje tan emblemático para algunos, sin embargo los años que disfrute de su compañía no los cambiaría por nada Ruperto como lo pueden observar no es el mejor suéter ni mucho menos de la mejor marca y calidad, pero sin dudas es el que se lleva con todas las cosas que me agradan, lo amo es mío, es tan mío que a pesar de que algunos lo clasifiquen como de baja categoría lo defendería, Ruperto es lo que calificaríamos como el recuerdo trascendente de lo que mi padre significo para mí.
No contrarresta la ausencia en los últimos años, pero en el tejido desgastado, se percata hasta el último jalón de batalla que proporciono, lucho con pasión o por lo menos algunas acciones me lo hace pensar, es el suéter a medias tientas de esos que utilizas en los veranos nublados, te ampara de la lluvia pero se la apaña con las rendijas amplias y la fluidez de la tela que los años se encargaron de derrotar, mi Ruperto es el resultado del paso y uso desmedido de las escasas ganas que se tiene por ver la realidad y sus múltiples contextos que te ofrece este mundo lleno de esperanza y mediocridad, es el posible futuro que he de vivir o revivir producido entre los nudos dubitativos de mi tendencia precoz a la irremediable ganas que tengo de vivir.

  Ruperto es otro capítulo en mi vida, es una catalogo más de vivencias extraídas para la infinita disposición de adaptarse y parar de llorarle, de agradecerle que aun demuestre que existen vestigios de su existencia y seguir en el camino donde aún queda estambre de donde tejer.

16.6.14

Períodos

Hola que sabe a sopa, recuerdos marchitos que se queman por cada chasquido, reclamo, olvido.

Lagrimas agrias, como el zumo cuando masticas la semilla de lima, con la boca chueca, y el tic en el ojo por el sopor.

Momentos incómodos, como ver a una pareja pelear o al carnicero picarse la nariz.

Y ahora todo es una sugestiva fotografía con tinte sepia como mitigando el dolor a decir adiós.